Todos los grandes logros de nuestra Historia, en cualquier campo, se han conseguido gracias al entusiasmo de alguien. Y desde luego el entusiasmo no estaba sólo, le acompañaba siempre una dosis razonable de talento para conseguir los objetivos, fueran estos cuales fueran.
Cuando el talento y el entusiasmo se unen forman un binomio imbatible que constituye la fórmula del éxito. En ese binomio el talento es una capacidad, una potencialidad, mientras que el entusiasmo es pura energía, el combustible que pone a trabajar al talento para llevarnos al objetivo.
El talento, contrariamente a lo que se piensa, está muy bien repartido. Cada persona tiene talento para algo, la cuestión es encontrar el qué. La inteligencia humana no es de una única clase, sino de varias naturalezas, y cada persona tiene sus propias y naturales virtudes donde destaca y brilla por encima del resto. El reto para las organizaciones es triple: Leer más »